"Adviento, vivir en esperanza", por Melitón Bruque

Sabemos que el año litúrgico no coincide con el año cronológico o civil que tenemos determinado, ni con el año fiscal o económico, ni con el año lectivo ni con ninguno de los que tenemos establecidos para llevar un orden.

El año litúrgico es un esquema con el que la Iglesia Católica divide la historia de la humanidad en etapas con las que recuerda, celebra y actualiza la actitud que debemos ir teniendo en la vida, mientras llega el momento cumbre al que nos dirigimos: la venida final de Cristo, en la que se dará el triunfo del reino de Dios inaugurado en su primera venida.

La palabra ADVIENTO es un apócope de ad-venimiento que significa “venida”, “llegada” de “algo” o de “alguien” a quien se espera.

"La liturgia es la celebración sagrada de la vida", por Melitón Bruque

“CRISTO REY”, FINAL DEL AÑO LITÚRGICO

Con la fiesta de Cristo Rey damos por concluido el AÑO LITÚRGICO. En él, hemos venido celebrando nuestra esperanza en que nuestra historia al final llegará a dónde Dios tiene establecido en su plan de salvación y felicidad para este mundo. Un mundo que creó como expresión de su amor. Para ello ha de reinar la JUSTICIA, el AMOR, la VERDAD, la LIBERTAD, la PAZ... “y todos los hombres verán la gloria de Dios”, que proclamamos en el evangelio del segundo domingo de Adviento (Lc. 3,1-6). Esta es la base y el fundamento del sentido de nuestra fe.

Orígenes cristianos de la fiesta de Halloween

Mentiras y verdades sobre esta fiesta norteamericana

«Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» (Jn 8,32)

Anunciar el Evangelio implica anunciar la Verdad que nos salva (Lumen gentium, 17); es decir, anunciar a nuestro Señor Jesucristo, el Amén, el Verdadero (1Jn 5,20).
Por eso, es bueno, necesario y conveniente que expresemos siempre la verdad de las cosas sin miedo, pues de esa forma evitaremos la confusión y el desvío del camino. 

La mentira no nos lleva nunca a buen término, tampoco las medias verdades. Hemos de tener un equilibrio y una gran capacidad de discernimiento y de análisis crítico para ver por dónde van las cosas y qué es lo que se quiere hacer cuando se acentúa una visión.

Quizás sea bueno el que nos posicionemos en torno al auge que está tomando esta fiesta, lo mismo que otras, la fuerza que se está poniendo en ella y, en cambio, y el desvanecimiento que se está dando de otros aspectos que están en la tradición cristiana, hasta el punto que se diluye todo aspecto cristiano y se entra en otra dimensión que está fuera absolutamente del sentido original.

Lógicamente, para poder tomar posiciones es necesario tener ideas claras. Invitamos para ello a leer este artículo de Jorge Luis Zarazúa

"Los ciclos de la vida", por Melitón Bruque

Ahora que estamos al comienzo de un nuevo curso pueden ocurrirnos muchas cosas y pueden cruzársenos muchas ideas y surgirnos muchos sentimientos que nos inviten a tirar la toalla y hacernos creer que no vale la pena luchar. 

Hace poco, una persona muy querida me decía: “Mi hija, ahora que tiene ya dos hijos me preguntó el otro día: -Mamá, cómo fuiste capaz de aguantar y soportar todas las cosas que te hicimos cuando éramos niños y después jóvenes?-”. A propósito de esto, se me ha ocurrido hacer un recorrido por esas etapas por las que vamos pasando en la vida y en las que observamos que, en realidad, no hay nada nuevo, sino que solamente aparecen distintas las formas con las que se reviste la realidad:

Soneto a Jesús Crucificado

Delante de la cruz, los ojos míos,
quédenseme Señor, así mirando,
y sin ellos querer, estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.

Y esos labios que dicen mis desvíos
quédenseme Señor, así cantando,
y sin ellos querer, estén rezando
porque pecaron mucho y son impíos.

Y así, con la mirada en vos prendida,
y así, con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida, 
quédeseme Señor, el alma entera.
Y así clavada, en vuestra cruz mi vida,
¡Señor, así!, cuando queráis, me muera.

Aprendida por Lina Garrido en el año 1938

La oración del Padre Nuestro

Ustedes, pues, recen así:


Padre nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu Nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
así en la tierra como en el Cielo.

Danos hoy el pan que nos corresponde;
y perdona nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos
a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en la tentación,
sino líbranos del Maligno.

Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas,
también el Padre celestial les perdonará a ustedes. 
Pero si ustedes no perdonan a los demás,
tampoco el Padre les perdonará a ustedes. 

Mt 6,9-15

Es muy importante el caer en la cuenta de algunos detalles: siendo tan importante la oración, no vemos a Jesús en ningún momento que obligue a los apóstoles, ni les imponga el que TIENEN QUE ORAR; los deja hasta que nace en ellos el deseo y la curiosidad; Él entiende que esto no es una obligación, sino una necesidad que nace desde lo más hondo del ser, como el “hambre”, como la “Sed”… algo sin lo cual no se puede vivir. Esto es algo que Jesús ha visto desde pequeño en su familia, en la gente sencilla de su pueblo: es una necesidad vital de estar en contacto con Dios y, por eso, es algo que está incorporado en su vida como el comer o el beber y lo hace con la más completa naturalidad: no sabe moverse si no es en presencia y con el beneplácito de su Padre.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 79

Abraham nuestro padre en la fe

Con esta Cabria terminamos su publicación hasta que pase el verano. Como la figura de Abraham también ha llegado hasta nosotros por los li­bros del Nuevo Testamento (NT), me ha parecido bien dedicar algunos pasajes de esta última sección a Abraham en el Nuevo Testamento (NT).

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 78

El sacrificio del hijo único (d)

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo). Ni que decir tiene, mi entrañable amigo Abraham, que saltarías de alegría, al ver que tu hijo unigénito había sido salvado por Dios.

Abraham: Ya puedes figurarte. Abracé a mi hijo y él se abrazó a mí y los dos contemplamos extáticos, viendo cómo el cordero se iba consumiendo, y juntos dimos gracias a Dios. Para no olvidar aquel trance yo puse a aquel lugar «Yahveh provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte "Yahveh provee"»

Christian. Hace tiempo que leí un comentario a este texto y hablaba del “grito de alegría de Dios” al ver vuestros saltos de júbilo. Yo creo que, en realidad, lo que Dios quería es rechazar los sacrificios humanos, tan corrientes en otras religiones colindantes.

Abraham: Pues sí, y por eso me llamó otra vez desde los cielos, el ángel de Yahve y me dijo:

 «Por mí mismo juro, oráculo de Yahveh, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único hijo, yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descen-dencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de sus enemigos.

Christian: Veo, amigo Abraham que, después de la prueba, vuelve a aparecer el Dios siempre fiel.

Abraham: Es verdad, pues Dios me dijo que su bendición pasará a todas las generaciones por mi descendencia. Y esto en pago de haberle obedecido.

Christian: Yo también me alegro de que haya respirado tu alma; porque has respirado el puro amor, la fe total; la esperanza contra toda esperanza. Perdona si te digo que has subido a la cima de la verdadera religión, de la obediencia religiosa, del abandono. Dios ha salvado a tu hijo, pero también es verdad que Isaac ha renacido por tu fe.

Abraham: Todo es don de Dios. No lo entendemos muchas veces. La fe no es la evidencia: es entrar en el misterio de Dios, pero sin comprenderlo; nuestra inteligencia es muy pequeña para meter en ella a Dios, como si se tratara de una idea o de una cosa. Dios es para nosotros un misterio, que llegaremos a comprender cuando “Él sea todo en Todos”.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 77

El sacrificio del hijo único (c)

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Por fin llegásteis a la cima del monte...

Abraham: Por favor, no sigas porque se me encoge el corazón y se me conmueven las entrañas.

Christian: Perdona, amigo Abraham, Te he preguntado porque ya sé el desenlace. Tu hijo está vivo y sólo quiero saber, por el ejemplo que me das con tu fe firme y tu esperanza inquebrantable.

Abraham: En primer lugar te diré que la fe es un don de Dios, aunque es verdad que he pasado a la historia como el padre de los creyentes. Te contaré, amigo Christian: mandé a los criados que se quedaran y nos esperaran y los dos empezamos a subir hacia la cima del monte. Cuando llegamos construí el altar, puse la leña, luego até a Isaac, mi hijo y lo puse sobre la leña, 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 76

El sacrificio del hijo único (b)

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Mi amigo entrañable Abraham: te ví el otro día muy nervioso.

Abraham: Es que es muy duro oír a mi hijo preguntarme inocentemente: 

Padre: «aquí está el fuego y la leña pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»

Christian: Ciertamente tendrías el alma destrozada.

Abraham: Y más que destrozada. Resonaban en mí las promesas que Dios me hizo varias veces: te daré una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y que las arenas del mar. Te haré padre de una gran muchedumbre. Esto ha-cía que viera la esperanza en Dios como una torcía de candil, esperanza que me llevaba a fiarme de Él sin reservas.

Christian: Me desconciertas, amigo Abraham y me haces sentir una gran admiración, pues esperas contra toda esperanza. ¿Y qué contestaste a tu hijo?

Abraham: Dios me dio una seguridad inexplicable, pues con toda fortaleza y confianza a la pregunta de mi hijo sobre el cordero para el holocausto le contesté: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y seguimos andando los dos juntos.

Christian: El camino del silencio, el camino de la amargura, el camino de la prueba, el camino hacia la cruz, el camino de la duda, el camino del sufrimiento, el camino del amor frustrado, el camino de la espera sin razones para esperar...los caminos incomprensibles de nuestro Dios.

Abraham: Cierto, ese fue nuestro camino hacia el monte Moriah, y digo “nuestro” porque estoy seguro de que mi hijo iría también desorientado. Tengo un nudo en la garganta, por lo que seguiremos el próximo día.

En torno a la asignatura de Religión

Os recomendamos leer este artículo de Pedro Miguel Lamet sobre la polémica generada en torno a la asignatura de Religión.

Intervención de Melitón Bruque en la charla - coloquio "Nacer, un derecho sagrado"

El pasado 25 de mayo se celebró en nuestra Parroquia la charla - coloquio "Nacer, un derecho sagrado" en la que, entre otros, intervino nuestro párroco, Melitón Bruque.

Os dejamos aquí el contenido de su intervención, junto con algunas fotos del acto.

EL CONSECUENCIALISMO

DERECHO Y OBLIGACIÓN

Estos tiempos estamos viendo cómo se responde ante algo que hasta ahora se ha entendido y ha sido admitido como algo natural y evidente, que aquel ser que ha sido engendrado en el útero de una mujer es una persona desde su primer momento de concepción, lo mismo que es un perro aquel ser que ha sido concebido en el útero de una perra… 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 75

El sacrificio del hijo único (a)

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham, ¿quieres creer que no he pegado ojo en toda la noche? Me he acordado mucho de tí y le he pedido a Dios que me de una fe que, al menos, se parezca algo a la tuya.

Abraham: Yo tampoco he dor-mido mucho, pues la fe no suprime el sufrimiento, y he pensado cómo orga-nizar el viaje. 

Christian: Amigo Abraham, ¿tan pronto piensas haceer lo que Dios te manda? 

Abraham: Lo que Dios quiere, cuanto antes se cumpla mejor. Pienso salir la próxima madrugada, así es que me levantaré, aparejaré mi asno, llamaré dos mozos y a mi hijo, cargaré la leña del holocausto y emprenderemos el camino hacia el monte Moriah.

Christian: Te veo tan entero, tan fuerte... Admiro tu fe, tu fortaleza, tu decisión y tu plena confianza en Dios. No lo entiendes pero sigues el camino que Dios te marca, vas hacia el pais de Moriah, pero ¿conoces es el país de Moriah?

Abraham: Gracias por tus alabanzas, pero la fe es un don de Dios. No se conquista, se recibe gratuitamente. No conozco el país de Moriah. Dicen que es un país elevado y montañoso. De hecho Dios me dijo que el sacificio lo hiciera sobre uno de los montes que Él me indicará. 

Se le llama también la tierra de la visión.

Christian: Ahora recuerdo haber leído que la tradición judía piensa que se trataba de la colina de Jerusalén, incluso la roca en que fue edificado el templo de Salomón. Perdona que te haya cortado pero lo he hecho por distraerte. Cuéntame más de tu viaje.

Abraham: Emprendimos el camino y al tercer día levanté los ojos y vi el lugar desde lejos; mandé a mis criados que se quedatan allí con el asno y les dije: «Quedaos aquí con el asno; el muchacho y yo iremos hasta allí, haremos ado-ración y volveremos donde vosotros.» Tomé la leña del holocausto, la cargué sobre mi hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y nos fuimos los dos juntos. Pero mejor será seguir el día próximo, pues estoy cansado. Que el Señor me dé fuerzas.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 74


El sacrificio del hijo único 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham: Pasa algún tiempo y tu querido hijo, sobre cuya cabeza descansa toda la promesa, crece. Es vuestro consuelo. Ahora sabes lo que es ser padre: después de esperar que Dios te lo diera, como te había prometido. 

Abraham: Tienes razón. Mi hijo Isaac es el centro de mi cariño y de mis desvelos; en él veía cumplidas la promesa, tantas veces repetidas, de darme descendencia. Pero otra vez yo no entiendo a Dios. Por lo visto quiere probar mi fe. 

Christian: Pero ¿cómo quiere probar tu fe? Yo te veo altamente preocupado y triste. La prueba debe ser muy costosa; se tiene que tratar de algo que te llega al alma, que te rompe el corazón, y que, a veces, nos desorienta hasta ponernos en peligro de dudar de que Dios nos quieire. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 73


La amistad de Abraham con Dios 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Alguien dijo: “El mejor regalo que uno te puede dar es su amistad” 

Abraham: Es cierto. Hay muchas cosas asombrosas en la Biblia. Pocas, sin embargo, lo son más que esto: que Dios deseara ser amigo del hombre. 

Christian: Y Dios te eligió a tí. La verdad es, amigo Abraham, que, viendo tu relación con nuestro Dios, he aprendido y “gustado” esa relación de amistad. Dios te llama “mi amigo”: Por poner un ejemplo: “Pero tú, (dice Isaías) Israel, siervo mío, Jacob, a quien he escogido, descendiente de Abraham, mi amigo”. (Is. 41,8). 

Abraham: El caso es que yo tenía a Dios como un amigo normal. Señal de eso fue el regateo que tuve con Él cuando trataba de exterminar las ciudades de Sodoma y de Gomorra. 

Christian: Siempre he gozado al ver a Dios tan cercano al hombre. Me encantaba sobremanera ver también que realizabas otra función muy importante: interceder por los que habitaban aquellas ciudades. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 72

Abraham, intercesor de Sodoma y Gomorra

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham, te decía el día anterior que no comprendo que Dios castigue por igual a los jusros y a los pecadores. 

Abraham: Yo creo que, ante las grandes tragedias y calamidades que convulsionan a grandes y pequeños, a justos y pecadores, el hombre, y creo que especialmente el creyente, se pregunta: ¿por qué? 

Christian: Cierto; también hoy nos seguimos preguntando: ¿por qué? 

Abraham: Ten presente que han pasado siglos. En la mentalidad popular, en mis tiempos, ya existía la creencia de que Dios castiga el pecado de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación (Ez. 20,5). Recuerdo que cuando Jesús curó al ciego de nacimiento, le preguntaron: ¿Quién pecó, este o sus padres? 

Christian: Entonces eso es lo que quiere decir el proverbio: los padres comen agraces y los hijos sufren dentera (Ec. 18,2-4) 

Abraham: Exactamente, pero yo, como creyente, no lo admití nunca; pues me planteaba el problema de forma distinta. Mi pregunta era: ¿qué pesa más ante Dios, la maldad de la mayoría o la santidad de unos pocos? 

Christian: Esta es la razón por la que tú, amigo, intentaste jugar otra carta: la de la discusión con tu Dios. 

Abraham: Y lo intenté porque siempre he estado lleno de confianza y optimismo en la fuerza del bien y, por tanto, en la generosidad divina. 

Christian: Te convertiste en mediador entre Dios y aquellos pueblos pecadores; pediste a Dios que los perdonara, pero, al no encontrar 10 justos, Sodoma y Gomorra fueron destruidas. 

Abraham: Cierto: así nos lo han transmitido los mayores. Christian: Amigo entrañable, Dios manndaría después a su propio Hijo, Jesucristo, como único mediador y salvador de todo el género humano. Jesús vino a quitar el pecado del mundo y a formar un pueblo de santos (Jn. 1,29).

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 71


El Dios amigo de Abraham 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Los hombres a quienes Lot les había dado alojamiento, dijeron a Lot: Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quien quiera que tengas en la ciu-dad, porque Yahveh nos ha enviado a destruir este lugar. Salió Lot y habló con sus yernos, y les dijo: «Levantaos, y salid de este lugar, porque Yahveh va a destruir la ciudad» Pero sus yernos lo tomaron a broma. 

Abraham: Me contó mi sobrino Lot que, al rayar el alba, los ángeles (Dios mismo), le avisaron diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se encuentran»; y como Lot se hacía el remolón, los hombres les asieron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas y sacándoles los dejaron fuera de la ciudad. (Gn. 19,12 y ss.) 

Christian: Así fue, amigo Abraham. Me vas a permitir que te ruegue me digas tu diálogo con Dios, tratando de salvar los habitan-tes de Sodoma y Gomorra. 

Abraham: Sí. Me atreví a en-frentarme con mi amigo Dios. Le abordé y le dije: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Si hay 50 justos ¿los vas a borrar junto con los malvados? El juez de toda la tierra ¿va a cometer tal injusticia?» 

Christian: ¿Y qué te dijo Dios? 

Abraham: Lo que yo esperaba: Me dijo: «Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos». Y así fui bajando hasta diez, pero no había ni diez justos. Entonces Dios arrasó aquellas ciudades, con todos sus habitantes y la vegetacíon del suelo. 

Christian: Hay cosas que no entiendo, por lo que seguiremos el próximo día. 

Abraham: Muy bien. Trataré de clarificarte algunas cosas, pero así pensábamos entonces cómo actuaba Dios.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 70


Abraham, amigo de Dios 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Ante el pecado de los sodomitas Dios quedó extrañado, hasta el punto que determinó destruir las dos ciudades, Sodoma y Gomorra, pero no quiso decirselo a Abraham. 

Abraham: La verdad es que yo me quedé sorprendido cuando el Señor me dijo que no pensaba decirme nada. pero, ya que se trataba de su gran amigo, se lo pensó y se dijo: «¿Por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago? ». 

Christian: Hay que ver hasta dónde llega nuestro Dios. Hasta llamarte su amigo, considerarte como tal y hacer que este título se vaya repitiendo a lo lardo de los siglos. 

Abraham: Dicen que en el Antiguo testamento a la única persona que Dios llama amigo es a mí. Dios es inexplicablemente bueno. Uno no llega a comprender ese amor tan constante, tan comprensivo y tan inexplicable. Yo le doy gracias todos los días por ese estar conmigo, como creador, como compañero, como guía y, especialmente, como amigo. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 69


Sodoma y Gomorra

Abraham: Los hombres que estuvieron en mi casa se dirigieron hacia Sodoma. Yo estaba todavía delante del Señor. 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham: He leído en Gn.19 todo lo concerniente al degenerado e inaceptable comportamiento de los habitantes de Sodoma. Ya me habías dicho que el Señor te había comunicado que "las quejas contra Sodoma y Gomorra eran muy grandes, y su pecado, muy grave". (Gn. 18,20.). 

Abraham: Cierto. El Señor estaba muy dolido, ya que los sodomitas habían intentado abusar de los hombres (ángeles los llama el texto bíblico) que, con tanta alegría y cuidado, había alojado en su casa mi sobrino Lot.

Christian: Con mucha atención he leído cómo, al llegar, por la tarde, los que habían estado en tu tienda, Lot les rogó con mucha insistencia, que se quedaran en su casa aquella noche. Asintieron, les preparó la comida y, llegada la noche, se acostaron. (Leer Gn. 19). 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 68


Alegría de Abraham y Sara Gn-21,1-7. 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham: me figuro la alegría que os daría el cumplimiento de la promesa de Dios, al daros a Isaac. 

Abraham: La alegría, en este caso, no se puede explicar con palabras, ya que está implicado el amor, que roza con el misterio. Podemos hablar del amor, pero las palabras siempre se quedan cortas, por lo que tenemos que recurrir a los signos: el abrazo, el beso, el apretón de manos, la mirada profunda, la madre que aúpa al hijo y le grita: “te comería a besos…” 

Christian: Llevas toda la razón del mundo pero es que, además, se trata de que Dios cumple su palabra; nunca se queda en la simple promesa esperada y nunca cumplida. Nuestro Dios es un Dios fiel. 

Abraham: Hay que ver los años que me ha hecho esperar… Me prometía una descendencia numerosa, incontable como las “estrellas del cielo y las arenas del mar”. Y yo siempre le decía: ¿y cómo puede ser si no tengo descendencia? Y Dios callaba. 

Christian: Y tú seguías creyéndole, fiándote de Él, confiando en su fidelidad. 

Abraham: ¿Y qué querías que hiciera? La fe es así: o te fías de Dios o no te fías; o crees o no crees; o te lo juegas todo a una carta o no juegas; o sigues creyendo en medio de la oscuridad o te inventas un dios falso. 

Christian: Te envidio y te ruego que pidas al Señor que aumente mi fe; que llegue al pleno convencimiento de lo que dice Dios: que «mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos», «Como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos“.(Isaías 55:8-9) 

Abraham: Yo compartía con mi mujer Sara su risa, fruto de su inmensa alegría, cuando dijo: «Dios me ha dado de qué reír; todo el que lo oiga se reirá conmigo.»

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 67

En el encinar de Mambré. (c). La risa de Abraham y de Sara. Gn. 17,16-22. (Gn. 18,9-15) 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Teniendo delante el texto bíblico, veo que ahora son los huéspedes los que toman la iniciativa en el diálogo, pero antes quiero recordarte, amigo Abraham, el pasaje en que también tú te reíste ante la promesa que Dios te hizo de darte un hijo de Sara. 

Abraham: Es verdad y, por mucho que los creyentes han intentado dar a mi risa un sentido de acatamiento, no puedo negar que, tanto mi risa como la de Sara rezumaban dudas. Esto fue lo que Dios me dijo: “Sara, tu mujer, te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Isaac”. Y es que yo pensaba: ¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?» Gn. 17,19. 

Christian: Aunque sabemos que Dios lo puede todo, la fe incluye también oscuridad y fatiga. Recuerdo que también la virgen María preguntó al ángel: “cómo puede ser esto si yo no conozco varón?”. Retomemos ahora lo que decía al principio. Dejemos hablar a los huéspedes. 

Abraham: Me parece muy bien. Preguntaron por mi mujer, Sara, y uno de ellos prosiguió: "Dentro de un año volveré. Para entonces, tu mujer, Sara, habrá tenido un hijo". Seguro que Sara estaría mirando y escuchando por las rendijas de la tienda y, al oír lo que decían, se echó a reír, pensando para sí: "¿Después de haber envejecido he de conocer el placer, siendo también mi marido viejo?". 

Christian: Tengo curiosidad por saber cual fue vuestra reacción cuando pasó un año y qué significa el nombre “Isaac”. 

Abraham: Como Dios había prometido, Sara concibió y dio un hijo en mi vejez, y le puse por nombre Isaac, que significa “que Dios sonría”.Gn.21,2. Y dijo Sara: «Dios me ha dado de qué reír; todo el que lo oiga se reirá conmigo.» 

Christian: Nos quedan algunas reflexiones interesantes, pero tenemos que dejarlas para el próximo día.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 66


En el encinar de Mambré (b). La hospitalidad es un acto de amor. 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Recuerda, amigo Abraham, que el día pasado terminabamos diciendo que “somos huéspedes de Dios”. 

Se expresa con realismo el Salmo 23, que nos dice: “me guía por los senderos de justicia; aunque vaya por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo, tu voz y tu cayado me sostiene Me preparas una mesa delante de mis enemigos, perfumas con un-güento mi cabeza y me llenas la copa a rebosar” 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 65


En el encinar de Mambré. Gn. 18, 1-15. (a) 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): He leído lo de la visita que recibiste junto al encinar de Mambré. El sol se caía a pedazos, por lo que tú estabas sentado a la sombra ante la puerta de tu tienda. 

Abraham: Así pasaba buenos ratos, cuando se aproximaba la hora de la comida e igualmente después de comer. Tenía dos árboles muy frondosos y, como había muchas encinas, de vez en cuando me regalaban una brisa, que me acariciaba y refrescaba mi sudoroso rostro 

Christian: Y recibiste nada menos que la visita del Señor. Sí, eran tres hombres, pero, en realidad, la fe te llevó a intuir que aquellos tres visitantes eran el mismo Dios. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 64

Alianza de Dios con Abraham 

Christian: He leído, amigo Abraham, el capítulo 15 del Génesis. (Gn. 15), y me ha encantado. Me refiero al sacrificio que ofreciste a Dios.

Abraham: Pues mira, amigo Christian: yo estuve pensando en mis planes de futuro. Tenía mis dudas y mis miedos, pero el Señor me habló, como siempre, al corazón y me dijo: "No temas, Abram, yo soy tu protector, tu recompensa será muy grande." 

Christian: ¿Y cuáles eran tus dudas? 

Abraham: La principal de todas es que Dios me prometía una gran recompensa, tierras y descendencia numerosa, pero yo no tenía hijos. Yavé me sacó fuera y me dijo: "Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes. Así será tu descendencia." 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 63

Más sobre Melquisedec 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Querido amigo Abraham: ante la figura tan misteriosa y sugestiva de Melquisedec, te voy a rogar que me digas algo más de él 

Abraham: Y lo hago con mucho gusto. Este encuentro me cogió de improviso. Yo no lo esperaba ni podía esperarlo porque no le conocía. 

Christian: Pero como estuvísteis hablando largo y tendido, estoy seguro de que tendrás cosas que decirme. 

Abraham: Me dijo que era Rey de una pequeña aldea que con el tiempo se llamará Jerusalén. Se trata de la Jerusalén que ha pasado a la historia y que se encuentra en una zona montañosa. 

Christian: Es entonces de la Jerusalén que todos conocemos, que, con su templo, era el centro de la vida religiosa, social y política del pueblo israelita. 

Abraham: Cierto, amigo Christian. Como dijimos el otro día, él me trajo pan y vino y yo le di el diezmo del botín que llevaba. (El diezmo es la parte de Dios). 

Christian: Entonces, amigo Abraham, si el diezmo es la parte de Dios, te consideraste inferior a Melquisedec. Además dicen que siempre el que bendice es superior al que recibe la bendición, y fue este personaje tan misterioso quien te bendijo. 

Abraham: La verdad es que yo ni pensé en eso. Al recibir la bendición, me llené de alegría y le di gracias a Dios. 

Christian: Con la cantidad de bendi-ciones que recibo y, lo digo como lo siento, muchas veces me quedo tan tranquilo; ni me alegro ni doy gracias a Dios. 

Abraham: Tienes que animarte y ver siempre caminos abiertos. 

Christian: Lo intentaré. Volviendo a nuestro personaje, te diré que Melqui-sedec, rey y sacerdote, aparece como un pagano, que ama a Dios como puede, y que es figura de Jesucristo, Rey de la verdadera Jerusalén y sacerdote eterno “según el orden de Melquisedec”.(Sal. 110,4).

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 62


Melquisedec. Un encuentro misterioso e inesperado 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Sin entrar en muchos detalles me parece interesante mencionar, tu encuentro, amigo Abraham, con ese misterioso personaje llamado Melquisedec que, llamado Rey de Justicia, era además Rey de Salem (Génesis 14:18), es decir, Rey de Paz. 

Abraham: Ciertamente fue un encuentro gratificante. Me salió al encuentro cuando yo volvía de derrotar a Codorlamor y sus aliados, a los que tuve que atacar para rescatar a mi sobrino Lot. 

Christian: Perdona que te interrumpa, amigo, ¿es cierto que de Melquisedec tenemos pocos datos? 

Abraham: Es cierto. A mí se me presentó como Rey de Sodoma, en el valle de Save (es decir, el valle del Rey). No mencionó ni a su padre ni a su madre, ni dijo nada de su pasado ni de su futuro, Tampoco yo le pregunté, pues estuvimos hablando de los problemas de aquella zona, de las envidias y odios entre reyes, de las guerras innecesarias, del pésimo comportamiento de los habitantes de Sodoma, etc. 

Christian: ¿Y cómo era Meelquisedec?. 

Abraham: Hacía honor a su nombre: “Rey de Paz” (Rey de Salen). Hablaba con una serenidad admirable y con una lucidez seductora. Como Rey de Justicia, le latía fuertemente el corazón ante las situaciones injustas. Como era sacerdote del «Dios Altísimo», me trajo pan y vino, 

Christian: Esto me recuerda el pan y el vino de la Eucaristía. Jesús los bendijo y se los dio a sus apóstoles como su Cuerpo y su Sangre. 

Abraham: Me encantó la bendición de Melquisedec: Abran -me dijo- bendito seas del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo, porque entregó a tus enemigos en tus manos.» Y yo le di la décima parte de todo lo que llevaba.. 

Seguiremos el próximo día. 

CONSEJO: Leer el capítulo 7 de la carta a los Hebreos.

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 61


No a la venganza 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): El día pasado, amigo Abraham, me decías que el amor a la familiia es más importante que todos los bienes de este mundo. He leído el capítulo 14 del Génesis (Gn. 14,10-16) y he visto cómo liberaste a tu sobrino Lot y le recuperaste todos sus bienes. 

Abraham: Es verdad, amigo Christian. Hubo un revuelo de reyes, cinco contra cuatro, que empezaron a querer apropiarse de aquellas tierras. Se juntaron en el valle del Sidím, cerca del mar de la sal. Los invasores se apoderaron del valle de Sodoma y Gomorra y de todos los bienes y así como de los víveres. 

Christian: He leído que el valle del Sidín estaba lleno de pozos de asfalto, y que al huir los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en ellos, mientras que los demás escaparon a las montañas. (Gn. 14,10). 

Abraham: Cierto. Un fugitivo me llevó la noticia hasta el encinar de Mambré donde yo estaba acampado, de que mi sobrino Lot había sido llevado cautivo y que le habían confiscado todos sus bienes. 

Christian: ¿Y qué hiciste? 

Abraham: Pues tuve que enfrentarme con aquellos reyezuelos, junté a mi gente y les atacamos de noche; los vencimos y los perseguimos hasta Jobá, al norte de Damasco. 

Christian: Total, que sin acordarte de lo que tu sobrino hizo al escoger las mejores tierras, sin tener en cuenta ni tus años ni lo que habías hecho por él, lo liberaste con toda su hacienda, las mujeres y la gente. 

Abraham: Hice lo que debía hacer. Sé que en el ambiente social hubiera aflorado la venganza, pero ese no es el estilo de Dios. 

La fe nos lleva por los caminos del perdón, de la reconciliación y de la fraternidad. Es curioso que la Biblia nos llama a Lot y a mí “hermanos”. Christian: Otro gallo nos cantaría, querido Abraham, si todos nos consideráramos y nos tratáramos como hermanos, pues TODOS somos hijos del mismo Padre. No hay mejor solución para vencer los problemas de convivencia que EL AMOR. El amor del que nos dice San Pablo, que “es paciente, es servicial; y no tiene envidia, no presume ni se engríe,…no busca su propio interés, , no tienen en cuenta el mal recibido…, “(1ª Cor. 13).

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 60

La unidad familiar vale más que todos los bienes. 

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham, el día pasado me quedé admirado de la facilidad con que dejaste a tu sobrino Lot que eligiera todo el llano de la región baja del Jordán. 

Abraham: Para mi la unidad familiar, por el amor, es mucho más importante que las tierras fértiles. 

Christian: Es verdad, pero la dolorosa realidad es que frecuentemente nos encontramos con hermanos que no se hablan, sin que haya por medio la posesión de unas tierras tan fértiles y tan extensas como las de tu sobrino Lot. A veces solo se trata de un olivo, de un trocito de tierra o de algún objeto de no mucho valor. 

Abraham: Yo doy gracias a Dios, que ha hecho arraigar en mi corazón el amor a la familia y, en este caso concreto, a mi sobrino, que se había criado conmigo. 

Pero, además, Dios fue generoso conmigo cuando me dijo: "Levanta los ojos, y desde el lugar donde estás, mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste, porque toda la tierra que alcances a ver, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Gn.13, 14-15. 

Christian: Mi muy entrañable amigo Abraham: yo estoy desorientado porque si no tienes descendencia, ¿para qué quieres toda esa tierra? 

Abraham: Ya se lo he dicho a nuestro Dios, y por eso, Él me ha prometido darme una descendencia más numerosa que las arenas de la playa y que las estrellas del cielo

Christian: Y tú, como siempre, creyendo cuanto Dios te prometía. Recorriste el país de este a oeste, como te dijo el Señor; trasladaste tu campamento y te estableciste junto al encinar de Mamré, que está en Hebrón. Allí erigiste un altar al Señor. 

Abraham: Seguiremos, amigo.

"De Joseph Ratzinger a Benedicto XVI", por Melitón Bruque García

Esta mañana, día 11 de Febrero del 2013, cuando oí la noticia, me costaba creer lo que estaba escuchando. Por un momento pensé: “Un chisme más de estos morbosos medios de comunicación que andan buscando lo más inaudito, lo sorprendente… pero a medida que fue contrastándose la noticia, han empezado ya a montarse castillos en el aire y cada uno hace sus cábalas, atreviéndose a hacer interpretaciones de la noticia. Basta ver los titulares de los periódicos, desde “El Papa tira la toalla” hasta… Sí, es momento en que cada uno empieza a vomitar todo lo que lleva dentro, y me parece muy normal, siempre que se respete la apreciación que cada uno pueda tener del hecho. 

También yo tengo mi opinión y mi apreciación del acontecimiento histórico y eclesial, pues lo he vivido desde mi ángulo y lo voy a compartir con quien desee. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 59


Mejor ceder que cortar: La separación de Abrám y de Lot. 

NOTA: Ruego LEER Génesis 13. Tenemos que animarnos para conocer a Dios por los caminos de la Biblia. 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Después de tu estancia en Egipto, amigo Abraham, subes al Negueb, cuya principal ciudad era Betseba. Sigues tu camino con tu familia y con tus valiosas riquezas, desde Negueb hasta Betel. 

Abraham: Fue un viaje largo, pero, al llegar al sitio donde años antes había erigido un altar, encontré la recompensa. Allí invoqué el nombre del Señor. Para el creyente es imprescindible el diálogo con Dios. Es lo que llamamos la oración. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 58


"Por la fe, Abraham, cuando fue llamado para ir a un lugar que más tarde recibiría como herencia, obedeció y salió sin saber a donde iba". Heb. 11,8. 


Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham: muchos siglos después de tu peregrinar por los sitios que Dios te indicaba, el autor de la Carta a los Hebreos te recuerda como el caminante obediente. No sabías a dónde ibas, pero te fiabas ciegamente de Dios. 

Abraham: Mira, amigo, yo tenía por dentro mis dudas, pero cuando pensaba las cosas desde el corazón, me invadía como una especie de luz, que me invitaba, sin ningún tipo de coacción, a seguir adelante. Así son los caminos de la fe 

Hacia Dios por los camino de la Biblia, nº 57


El primer caminante es Abraham 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Amigo Abraham, al recordar aquel pasaje en que Jesús se autodefine como “el camino, la verdad y la vida”, estoy viendo que te podemos tener como el primer caminante en el inicio de la Historia de la salvación. 

Abraham: No sé si fui el primer caminante o el último; lo cierto es que mi vida fue siempre estar en camino. El camino fue para mí novedad, aventura, plenitud, bendición Lo empecé en la ciudad de Ur de los caldeos, con mi padre Téraj, quien no lo pudo realizarlo en su totalidad, pues terminó sus días en una parada del mismo (Jarán). Nos dirigíamos a la tierra de Canaán» (Gn 11,31). 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 56

La aurora de las bendiciones

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Mi querido amigo Abraham, aunque el hecho de la bendición de Dios saldrá más veces, me gustaría concretar sobre varios aspectos de esa bendición. Te comunico que he leído el texto que sigue: 


Gen. 8:21 Y percibió Dios olor grato; y dijo Dios en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre… ¡Nació la aurora de las bendiciones! 


Abraham: Es encantador escuchar en el corazón esta promesa de Dios. De hecho, la bendición de Dios se extenderá a lo largo de toda la Biblia, es decir, de toda esa historia del amor de Dios que tanto nos quiere. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 55


Maldiciones y bendiciones 

Christian: (Cristiano o seguidor de Cristo): Querido Abraham: A pesar de que el día pasado estuvimos hablando sobre las bendiciones de Dios, creo que es interesante ahondar un poco más en la novedad que nos trae el comportamiento de Dios contigo y con toda tu descendencia, llegando hasta nosotros, 

Abraham: Estoy dispuesto a escucharte, mi entrañable amigo. 

Hacia Dios por los caminos de la Biblia, nº 54


Dios bendice a Abraham

Christian (Cristiano o seguidor de Cristo):: Mi admirado amigo Abraham, he leído atentamente el texto siguiente y me gustaría que me comunicaras la impresión que te causó al sentirte el objeto de la bendición de Dios 

Gn.2. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. 3. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra. 

Abraham: Ay, amigo Christian, ya te lo puedes imaginar. Estoy seguro de que tú, como creyente que eres, has gozado también de la bendición de Dios. Cuando me sentí bendecido por Dios, como que se me ensanchó el corazón, me llené de alegría, pero esa alegría de la que brotan los amaneceres del corazón. Además la alegría era desbordante, pues iba acompañada de una promesa: la descendencia numerosa: una nación grande. 

Christian:  Es verdad que yo también he experimentado las delicias de la bendición de Dios, pues también Él es, no solo mi acompañante, sino la razón de mi vivir y el coautor de mi existencia. Nuestro Dios y Padre común envió a su Hijo, el Emmanuel, el Dios con nosotros después de la larga historia de tu descendencia numerosa, enraizada en la tierra que Dios te dió. 

Abraham: Muy bien, amigo Christian. Confidencialmente te diré que hay algo que no acabo de entender: Cuando Dios me dijo: “Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición”. Y pienso: Cómo Dios se pone tan al lado nuestro; cómo urde una historia de amor en favor del hombre y de toda la creación; no escoge a reyes ni a la gente grande; me elige a mí: un pastor nómada, un caminante, un conocedor de las tierra, donde se crían los pastos para el ganado, un hombre desposado con una mujer estéril, con lo que la esterilidad significaba en aquel tiempo... 

Christian: No sigas, amigo, pues tenemos que continuar sobre todo esto el próximo día.